El diseño de productos se ocupa de la forma de los objetos y el diseñador de productos es aquel que decide cómo van a ser esos objetos. Su trabajo consiste en proyectar la forma y disposición de los diferentes elementos y partes de un producto industrial. Es decir, coordina y articula todos los factores que participan en la creación de la forma de los productos, desde los factores funcionales, estéticos, simbólicos y culturales, hasta los que se refieren a su producción y desarrollo (técnicos, constructivos, económicos y productivos).
Por tanto, el diseño de productos es la actividad preparatoria a la fabricación de cada una de las cosas que instalamos en el mundo y el diseñador de productos aquel que da forma a los objetos de nuestro entorno artificial. Sus objetivos son establecer una relación armoniosa entre los objetos y las personas, haciendo que estos sean fáciles de usar, facilitando su manejo y comprensión. El diseñador debe al mismo tiempo proyectar estos objetos de forma que sean respetuosos con el medio ambiente, preocupándose por el ciclo de vida de los productos y por los materiales, técnicas y procesos con que estos han de construirse. El diseñador debe ser consciente de que su labor es un medio para contribuir a la cultura y al bienestar colectivo de nuestra sociedad.
Las áreas de trabajo del diseñador de productos son: los objetos de uso y enseres (mobiliario, iluminación, utensilios, menaje, herramientas…), los aparatos y objetos técnicos (electrodomésticos, productos informáticos, vehículos…), los productos de consumo (ofimática, envases y embalajes…), los productos corporativos (señalética, displays, papelería, merchandising…) y el diseño para el ocio (juguetes, juegos, equipamiento para parques lúdicos, equipamiento deportivo…)